Visto a la distancia, aquel verano fue muy positivo.
Cuando dejaron de doler los fracasos económicos, cuando aquel esfuerzo ciclópeo, empezó a ser solo una anécdota, aparecieron los saldos positivos, que no se vieron en el cierre del ejercicio comercial del emprendimiento.
Por aquel entonces, importantes agendas de producción ocupaban todas las energías, y el objetivo esclavizaba desde un tiempo productivo implacable.
En pleno enero, mientras en la playa se amontonaban las sombrillas y los veraneantes,
Sólo había trabajo y más trabajo, abasteciendo a los vendedores en cada rincón de la arena, con los “churros crocantes, rellenos con dulce de leche, calentitos...!”.
Recién en la última parte de aquel cuatrimestre, cuando los veraneantes se habían ido, y las maquinas de la fábrica pararon su producción, apareció el tiempo para mirar las gaviotas y los loros.
Comenzó entonces, el horario sin apuros,…ese tiempo en que los rojos atardeceres convocaban cada día para mojar los pies descalzos en largas caminatas por la playa, juntando caracoles y piedras de todas las formas y colores.-
Así, fue más fácil digerir los malos resultados económicos, y recurriendo a la contención emocional irrestricta, apoyados el uno en el otro, se armó el final del ciclo.
Embalajes, desarmado de mampostería, y preparación de la mudanza, fueron las cosas que lentamente se llevaron a cabo, hasta que llego el día de la partida.
Todo lo temporario terminó. El negocio, la casa, los paseos por la playa.-
En el alma se mezclaban raramente dolores y placeres,….con sabor a despedida.-
Al llegar a Casa, después de 550 Km. de viaje, cansados, sentimos que estábamos de visita en nuestra casa, como si allá, en la villa veraniega se hubiese quedado nuestro espacio y nuestro tiempo.
Fue lento acostumbrarse, y básicamente fue arduo reconstruir la vida… crear una salida laboral, sacar conclusiones,….aprender.-
Todo resulto ser proporcional.
En la medida en que se estabilizaba la economía con la creación de la nueva fuente de ingresos, se reafirmaban conceptos definitivos como: “Nunca más un negocio con personal”, “Nunca más inscripción en la AFIP , o en la DGR ”.
Se terminaron las expectativas de grandes ingresos, solo quedaron en pie las aspiraciones de atención a lo estrictamente necesario para vivir a los 63 años de edad, y salvar también las ansias de viajar que siempre fueron un motor de iniciativas y hermosas experiencias de interacción humana.
Así las cosas, quedaron en pie y tomaron fuerza dos ideas:
a) Producir lo básico y reclamar una “Pensión por invalidez” ante el Ministerio correspondiente (La diagnosticada “Artritis Reumatoidea” daba para eso) y,
b) Lograr la compra de un Motor Home, que reemplazara al combo “camioneta-casilla de arrastre”, con el fin de facilitar la itinerancia, evitando los esfuerzos físicos de enganche-desenganche de la casilla, y la dependencia de los campings.-
Todos sabemos que en invierno baja la temperatura.
Ese invierno fue muy frío, Extremadamente frío. Las heladas congelaron el agua y las palabras afectuosas.-
Cada vez más, quedaron atrás, lejos en el tiempo, las caminatas otoñales.
Se sucedieron inexplicablemente atardeceres grises,…sin pájaros, sin entusiasmo ni expectativas.-
Y nos creció el silencio.
En algún lugar de nuestros lugares profundos, se instalaron distancias, incomprensibles, silencios y soledades que transformaron la vida en una funcionalidad de hábitos y costumbres anquilosadas.
Mirando desorientados en todas las direcciones, y justo cuando había que considerar y decidir donde y con quienes estaríamos en Navidad-Año Nuevo, surgió la idea de estar solos, lejos de todo;…y al fin coincidimos.
Supimos reconocer con claridad que el lugar al que queríamos volver era “El Cóndor”, la villa veraniega donde mojábamos los pies en el mar mientras paseábamos por la playa juntando caracoles…
Así fue que el 22 de diciembre partimos rumbo a El Cóndor, arrastrando nuestra casilla, y nuestras expectativas…
Dispuestos a vacacionar, allí, donde aumentaban nuestras posibilidades de sumar al esfuerzo de acercamiento personal, un entorno que en los recuerdos, siempre fue benignamente cálido.
Llegamos bien entrada la noche, después de soportar un viento huracanado en los últimos 40 Km . , que mostraban claramente la enorme cantidad de polvo en suspensión.
Ahí comprendimos y comentamos aquello de: “se vuelan los campos”.
Roturación (arado) en tiempo de suelo seco; sequía de 4 años, y la consecuente destrucción de la capa fértil de los campos, fueron causas por las que se precipitó la “voladura de los campos”, y el inicio de la desertificación sistemática.-
Se dice que ahora, la Patagonia desértica comienza, mas al norte, abarcando varios partidos de la provincia de Buenos Aires, otrora verdes pastizales aptos para siembras extensivas de trigo y girasol.
Es así que las dunas recorren ahora vastas extensiones, siguiendo a los vientos que con el cambio climático global, ratifican la existencia de una acción destructora del hombre de resultados dantescos, incluyendo la ruina total de la agricultura de la zona.-
Tosiendo tierra, con las luces prendidas, y parando muy seguido hasta recuperar la visibilidad del camino, transitamos entre “los campos volados” con ráfagas que superaban los 80 Km . horarios, lentamente, con mucha tensión, exhaustos, para llegar por fin a El Cóndor como a la una de la mañana.-
Esa noche me dormí con el seño fruncido, como intentando “ver” entre las nubes de polvo, dónde estaba el camino….
"Sin agua, ...los campos se vuelan..."
Y soñé, desperté y volví a soñar, durmiendo consternado, dolido el corazón, ansioso por “ver” el camino entre tanta destrucción de espacios verdes.-
Enormes cantidades de arena oscurecieron el cielo una y otra vez, con vientos de todas las direcciones posibles, formando remolinos increíbles.-
Todo giraba. Arena, sueños rotos, esperanzas, propósitos olvidados,….incomprensiones varias….
La destrucción del ecosistema emocional era tal que cuando el viento paró, después de varias horas de sueño, tenía enfrente una enorme duna que ocultaba el sol de la mañana.
¡Imposible reconocer este paisaje…!!!. Ayer nomás era distinto.-
Busqué a tientas ese lugar donde solíamos sentarnos,…y no estaba.-
Una larga cinta plástica, indicaba “PRECAUCION “, y era evidente que ya no estaba el paredón de la costanera, ni la vereda ancha, por un largo tramo de unas 4 cuadras…mas o menos.
Todo estaba destruido.
Lo primero fue el asombro, lo segundo, tomar conciencia de las causas, y atreverse a jerarquizar los procesos naturales, reconociendo la fuerza del mar, que arrasó con todo.-
Con el frío, llegaron las grandes olas de la destrucción en varias sudestadas y en ellas,
el mar se llevo la arena dejando al descubierto larguísimas restingas.-
En el faro “Viedma”, por ejemplo, lugar donde comienzan los acantilados patagónicos, colosales derrumbes aniquilaron miles de nidos activos de la más grande colonia de loros del mundo.
Nada era igual…
Este mar de ahora daba miedo. Era como si en la bajamar estuviese agazapado, listo para avanzar rugiente y categórico, recuperando antiguos territorios que miles de turistas invadían cada verano.-
Ese fue el entorno, violento y desconocido, donde tomamos contacto con nuestros vacíos emocionales que buscaban en la playa sobrevivir a tanta destrucción.-
Allí, resultaron huidizos algunos sentimientos archivados en el recuerdo de aquellas caminatas.
Aquel verano, en el que mojábamos los pies juntando caracoles, quedó muy lejos en el tiempo, mucho más que 9 meses, y ahora, tomados de la mano, caminábamos con mucha precaución en las restingas,….en algún lugar del alma dolorida, quedaron grabados los golpes y raspones, y además , ahora no había caracoles…
En estas piedras de formas retorcidas, encontramos mezclados pedazos de silencio, reproches y reclamos, y engañosos recodos de individuos solitarios que funcionaban como autómatas.-
A veces, pasaron volando a ras del agua, algunas gaviotas oscuras con destino incierto.-
En el paisaje devastado, se acallaron las palabras, aquellas que lastimaron tanto, y esta vez, el vacío se mezcló con otro tipo de silencio.
Como un pedazo de playa inusitada, emergió de entre las piedras un silencio que no grita ni acusa, ese tipo de silencio que aquieta las olas de la sangre para dar paso poco a poco, a un fracturado “mea-culpa”, que entre piedra y piedra, se fue instalando como un rompecabezas .-
Esa tarde volvimos al camping bien entrada la noche, con un poco de frío, sin entender todo, pero sintiendo que, aunque estábamos lejos, fue en nuestro corazón donde se generaron las grandes sudestadas que destruyeron la playa, justo cuando nos olvidamos de decir “te quiero”.-
“Que tontos hemos sido…!”
Dolían los pies y el corazón, caminando en las restingas con la pena a cuesta.-
Estas sensaciones duraron varios meses.-
Todo el invierno subsiguiente deambulamos en lugares nuevos donde tomamos mate, mirando el cielo y escuchando a los pájaros.-
De tanto en tanto, asistimos conmovidos al festival de colores del ocaso, en recodos del río,..Pero todo fue, en principio, algo así como “escenarios prestados”, abordados por casualidad, sin el menor sentido de pertenencia, donde apenas por momentos quedaron insinuados sentimientos bellos.-
Pugnaban por salir de la asfixia silenciosa del corazón, intentos de paz, de comprensión, donde poco a poco se degradasen los dolores…
Pero el viento frío nos golpeaba el rostro muy seguido, recordándonos que estábamos metidos en un crudo invierno.-
Añoramos en silencio las tibias caminatas en la playa, juntando caracoles…y aunque no lo sabíamos, se estaba preparando un nuevo escenario.-
Poco a poco encontramos algunas piezas del rompecabezas que fueron coincidiendo, para dar forma y fundamento a otra etapa.-
Cierta tarde vimos sorprendidos cómo unos negros nubarrones cambiaron de color….y largas lenguas grises y blancas de nubes sin forma, fueron aclarando el cielo, y alguna vez, bien entrada la noche descubrimos satélites y estrellas, junto a pálidas lunas escondidas.-
El mundo conocido estaba ahí oculto, esquivo,…pero habíamos de andar todavía, soportando el frío y caminando en las restingas resbalosas de todos los terrenos, con o sin mar, de día y de noche, de pie o acostados…..desorientados, para reencontrar el camino que alguna vez nos vio sonreír…tomados de la mano.-
Por todo esto fue necesario recrear el intento.-
Intentar otra vez encontrar allá en la playa la afinidad de los espíritus, la sensibilidad a flor de piel, y la paz que nuestras almas cansadas habían perdido.-
Hubo mucho frío, con cielos grises y atardeceres tempranos que acortaban los días estirando las noches insomnes y por eso, setiembre tardo mucho en llegar.-
Se insinuó una tarde en la que se abrió el cielo para dar paso a unos pocos rayos de sol, y pasamos así de “totalmente nublado con algunos chaparrones” a “parcialmente nublado con ascenso de la temperatura”.-
Sin embargo no hicimos el amor, fue apenas una charla, tomados de la mano, en la que se habló a media voz, como con temor a subir el tono y enroscarnos otra vez en discusiones bizantinas…
Recuerdo que me dijo reflexiva:
“Que tontos hemos sido..!” ,…y yo asentí en silencio.
“Tuvimos que pasar todo el invierno para llegar a este setiembre recién inaugurado”, agregó.-
Yo por mi parte, entendí que el dolor degradado era manejable, y se lo dije, y sonreímos con una mueca, porque nos descubrimos limitados e incapaces para resolver los diferendos….
Esa noche soñé con las restingas,…se veían con un poco más de arena y con algunos caracoles que una suave marea sembró para nosotros…
Esa noche pensé: “La playa que tanto amamos se está reconstruyendo después de las feroces sudestadas…”
Y me dormí sonriendo…sintiendo que quería volver a la villa veraniega, para caminar descalzo por la playa,…juntando caracoles.-
El próximo verano
Desde la radio, se evaluó el último quinquenio agropecuario en la región con datos que asombraban por los drásticos cambios de la meteorología.-
Los temas mas comentados por esos días fueron los inherentes al “cambio climático” y a los ecosistemas destruidos por las prácticas culturales de la depredación.-
Hubo incluso una consideración que se me ocurrió muy acertada. En ella, se hizo hincapié en el “egoísmo humano” como causal indiscutible de esas conductas.-
La falta de “conciencia ecológica” estaba en la cúspide de todas las consideraciones, y resulto frecuente oír que el “terremoto en Chile”, o las inundaciones en Río de Janeiro, no eran otra cosa que las protestas del planeta por tanta desidia…
Así mismo, la desertificación en el Sur bonaerense, se entendió como parte de un problema global donde el eje fue-es, “el ser humano y sus conductas”.-
Sin embargo, y a pesar de todos los pesares, ese año llovió 3 veces, con un milimetraje considerable a partir de lo cual se recuperaron los niveles de humedad y se pudo volver a sembrar.-
No se lograron rindes extraordinarios, pero se pudo reiniciar el ciclo agropecuario interrumpido y poco a poco se detuvo la “voladura de los campos”.-
Ahora se habla de un plan de rotación de cultivos que permitirá recuperar la superficie cultivable, y se sistematizará la fertilización.-
Ahora hay esperanzas…
Seguramente de seguir así, las cosas pasaran de la “esperanza” a la “fe”, y volveremos a escuchar los proyectos del futuro.-
En realidad, es indispensable que veamos el porvenir como una meta clara, construible desde la actitud de hoy con vocación de “esfuerzo sostenido”.-
El “mañana” esta cerca,…quedarán atrás las sudestadas y el invierno para dar paso al “próximo verano”, y quizá, podamos volver a la colonia veraniega para recuperar los caracoles y la playa, las gaviotas y los atardeceres, tomando mate,…tomados de la mano…sintiendo que la vida,.....vale la pena...!!!
Jotacé-Abril 2010-
Jotacé-Abril 2010-
Fin
"que tontos hemos sido"muy lindo relato. asi como cuando dices "la playa que tanto amamos se esta reconstruyendo..."asi se reconstruyen las relaciones amorosas y, si bien la forma de amar cambia, el amor crece mas continúa mas seguro y firme. solo es cuestión de determinar que no decaiga. no?
ResponderEliminar