El pasillo largo, con bancos grises,…y ese olor….los lleve pegados a mi piel por muchos días.-
Quizás no fue una buena idea ir a ese geriátrico llevando a mi vecina de toda la vida a ver a su abuela.-
Nunca me imaginé lo de adentro, lo de puertas adentro del geriátrico , y mucho menos , me detuve puntualmente a analizar el encuentro de un interno con su familiares…
Lo cierto es que después de 18 Km . de camino polvoriento, hacia la costa del Río Negro, tuve la experiencia de ver y sentir al encuentro, desde un lugar diferente.-
Para mi, en ese tiempo (hace unos 25 o 30 años atrás...) la vieja estaba “pirucha”, “chalada”, era un “ser vegetal”,….no reconocía a nadie, no reaccionaba ante ningún estímulo,…como que la ayudaban con esas drogas que la dejaban inconsciente, adormilada, ausente...-
Noemí, su nieta, mi vecina, tenía una sonrisa de agradecimiento porque yo la había llevado en mi camioneta a ver a su abu, y la acompañé durante la hora que duró el encuentro.-
Nunca me voy a olvidar del apretón de manos que le dio la abu, sin un gesto en la cara , solo sus ojos lejanos con un brillo mínimo y el apretón de manos, con la muñeca de peluche, despatarrada y vieja, ahí , entre los dedos.-
Lo anterior y posterior al apretón de manos, sólo fue ausencia, palabras relativas a cuidados, como dichas de memoria,..:”A la noche tapate bien abu”, “acordate que te dejo los pañuelitos bordados en la mesita de luz...”, y cosas por el estilo, mientras le acomodaba el cuello de la blusa y el pelo blanco cubriéndole las orejas…todo era un monólogo, la abu , no tenía ni un sólo gesto, excepto ese , el apretón de manos con la muñeca de peluche…
Aun hoy lo recuerdo,…y también el olor ese,… del pasillo…
En ese tiempo, quedé impresionado, pero no pude profundizar en los detalles mas allá de las formas…; recién esta tarde, con Noemí, mientras tomábamos unos amargos termine de entender lo que pasó aquella vez.
Ella me dijo:
“Este olmo lo planto la Abu , y ahí, ella tenía la huerta, este era el patio de los juegos de mi niñez.-
En ese rincón, había un asiento grande, donde una vez la abuela me hizo una muñeca de peluche que rellenó con avena.- Toda mi infancia jugué con la muñeca, y la seguía cuidando cuando entré a la secundaria.-En rigor de verdad, aun la conservo entre mis cosas queridas…
Una vez, me acuerdo que entraron los chanchos de doña Maria, la de la chacra de allá, (dijo señalando hacia el río) y me agarraron la muñeca para comerse la avena del relleno,...lo corrí hasta el canal al chancho y le saque la muñeca que abandono en la acequia…estaba toda mordida , y había perdido parte del relleno ,….volví llorando con la muñeca rota, y la abu , …otra vez me la arregló , la cosió , la dejo linda, y me consoló abrazándome fuerte.-”
-Pare, pare, paaaaare vecina, le dije, no se me ponga a llorar ahora…que me va a hacer llorar a mi también…-
-Noemí, se secó una lágrima recién asomada, con su pañuelito blanco, y siguió…
“Cuando estaba en el geriátrico, antes de morir, ya no me reconocía, no conocía a nadie,…pero yo llevaba la muñeca y ella me apretaba la mano,…era el único gesto que le quedaba,…era puro amor.- Lo único que conservó intacto hasta la hora de su muerte…cuando todos los demás sentidos la habían abandonado,…allí estaban, su corazón cálido y silencioso, el único gesto: … apretarme la mano,...y la muñeca de peluche.-…siempre estará conmigo mi abu …”
Yo trague saliva y …guardé silencio,…recién entendí completamente aquel gesto de la abuela, una ponchada de años después,…recién entendí la enormidad del gesto denunciado en un leve brillo de los ojos ya cansados, casi apagados, …el apretón de manos,…la abuela,…y la muñeca de peluche….
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